Cada inicio de año es una oportunidad para decidir quiénes queremos ser, tanto como personas como sociedad.
En Olimpiadas Especiales América Latina no queremos que el 2026 sea simplemente un año más. Queremos que sea el año en que la inclusión deje de ser una aspiración y se convierta en una práctica cotidiana.
Venimos de años de aprendizaje. Hemos sido testigos de cómo el deporte, la salud, la educación y el liderazgo transforman vidas. Hemos visto a personas con discapacidad intelectual ocupar espacios que históricamente les fueron negados, a familias fortalecerse y a comunidades cambiar su manera de comprender la diversidad. Sin embargo, sabemos que el desafío sigue siendo profundo y estructural.
Por eso, este inicio de año queremos invitarle a asumir un rol activo y personal en la construcción de una sociedad más inclusiva. No basta con estar de acuerdo; es momento de actuar.
En Olimpiadas Especiales América Latina entendemos la inclusión como acceso real, participación significativa y liderazgo. Para el 2026, nuestro foco es claro: ampliar oportunidades para personas con discapacidad intelectual en toda la región, fortaleciendo sistemas que no dependan de excepciones, sino que funcionen de manera sostenible y equitativa para todos.
Seguiremos impulsando el deporte como una plataforma de transformación social, fortaleciendo programas locales, elevando la calidad de la experiencia deportiva y consolidando el Deporte Unificado como una herramienta concreta para romper estereotipos. Al mismo tiempo, continuaremos promoviendo el liderazgo de las personas con discapacidad intelectual, no solo como participantes, sino como protagonistas en la toma de decisiones que impactan sus propias vidas.
Sabemos que ningún cambio profundo ocurre de manera aislada. Por eso, en 2026 seguiremos fortaleciendo alianzas con gobiernos, organismos internacionales, sector privado, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil. Nuestro objetivo es claro: que la inclusión se refleje en políticas públicas, prácticas institucionales y narrativas sociales.
Hablar de inclusión es sencillo. Vivirla exige compromiso, incomodidad y revisión constante de nuestras prácticas. Implica abrir espacios donde antes hubo barreras y escuchar voces que durante demasiado tiempo fueron ignoradas.
Un mundo verdaderamente inclusivo es posible, pero no se construye solo. Necesitamos más personas, organizaciones e instituciones dispuestas a pasar del discurso a la acción.
Que el 2026 sea recordado como el año en que decidimos, juntos, vivir la inclusión.
La inclusión no se delega. Se ejerce. Y se construye mejor cuando lo hacemos juntos.