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Disipando mitos de la discapacidad intelectual

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Existen demasiadas ideas preconcebidas y falsos conceptos alrededor de la discapacidad intelectual que hacen muy difícil, a la vez que complican, la verdadera inclusión de quienes viven con esta condición. Además, este tipo de creencias hacen más desafiante el trabajo de los padres y familiares, poniendo obstáculos a los esfuerzos para crear un mundo realmente inclusivo, que respete y trate con dignidad y justicia las diferencias existentes en la sociedad.

Todo eso se puede cambiar cuando surgen iniciativas concretas para educar a las comunidades y apoyar a las personas con discapacidad intelectual, trabajo que realizamos constantemente desde Olimpiadas Especiales. Aquí vamos a disipar los mitos o creencias más comunes sobre la discapacidad intelectual.

Mito: la discapacidad intelectual es una enfermedad

Es importante, desde el principio, aclarar que la discapacidad es una condición de vida y NO una enfermedad. La discapacidad intelectual es una dificultad en la capacidad de comunicación o aprendizaje de una persona; no es transmisible ni “curable” y, por ende, la persona no “padece” o “sufre” de su condición, aún si presenta desafíos para la persona.

Dependiendo del diagnóstico, el cual se realiza durante la infancia, la discapacidad intelectual puede tener distintos niveles de afectación en la vida cotidiana y la autonomía de las personas. Eso significa que es una condición que requiere de la persona un desarrollo diferente, pero en ningún momento supone que padezca alguna enfermedad mental.

Debe evitarse todo sentimiento de lástima; en cambio es muy importante entender que una persona con discapacidad intelectual es un individuo completo, con su personalidad, intereses y habilidades que le hacen merecedor de reconocimiento y respeto.

Mito: un niño con discapacidad intelectual no hablará o caminará

Está ampliamente demostrado que la gran mayoría de los niños con discapacidad intelectual aprenden a caminar, hablar, correr, jugar y tener una infancia satisfactoria relacionándose con amigos, familiares y su comunidad. Solo un pequeño porcentaje de las personas con discapacidad intelectual tienen limitaciones severas, pero incluso en estos casos pueden aprenden a comunicarse a través de señas, sonidos o expresiones.

Con el apoyo adecuado, desde muy pequeños los niños con discapacidad intelectual no solo aprenden a caminar y a comunicarse, sino que son capaces, como cualquier otro pequeño, de manifestar sus opiniones y defenderse, expresando una clara concepción de la autodeterminación.

Mito: la discapacidad intelectual impide que una persona pueda aprender

La discapacidad intelectual puede hacer más difícil el aprendizaje o hacer que un niño aprenda a un ritmo diferente del de otros niños de su edad, pero de ninguna manera lo impide. Cada persona, tenga o no una condición que dificulte su habilidad cognitiva, aprende a su propio ritmo y muestra más inclinación o destreza hacia algunos temas.

Cuando los padres desde etapas tempranas pueden aportar un entorno positivo, el pequeño podrá aprender mejor y más rápido. También lo harán cuando la meta del aprendizaje se enfoque en el nivel de esfuerzo y no en la habilidad.

Otro error es considerar que con discapacidad intelectual solo se puede llegar a aprender hasta cierto límite y que una persona con esta condición retrasa el aprendizaje de otros. Cuando los niños y adultos se encuentran en un ambiente estimulante sus posibilidades de aprendizaje son ilimitadas, y esto aplica a todas las personas con o sin discapacidad intelectual.

Mito: las personas con discapacidad intelectual nunca serán independientes

Hoy en día esta vieja creencia ya está cambiando. La sociedad está comprendiendo el valor y la fortaleza de aceptar las diferencias y la diversidad, incluyendo a las personas con discapacidad intelectual y lo mucho que pueden aportar en entornos laborales o sociales. Y al sentir que pueden formar parte de y contribuir con su entorno, como cualquier otra persona, la calidad de vida y la perspectiva misma de las personas con discapacidad intelectual cambian notablemente. Esto es parte de la misión de Olimpiadas Especiales.

Una persona con discapacidad intelectual no es un niño eterno y no debe vivir bajo dependencia constante, pues con el desarrollo y apoyo adecuado puede tener una vida productiva y totalmente independiente. Asimismo, pueden tener una vida amorosa, sexual y construir una familia.

Podemos concluir que la discapacidad intelectual puede suponer exigencias adicionales para la persona con la condición y su círculo cercano, pero no una vida menos plena o feliz.

Hoy en día hay alrededor de 18 millones de personas con discapacidad intelectual sólo en América Latina y el objetivo de Olimpiadas Especiales América Latina es llegar a cada una de ellas y también a sus familias.

Involúcrate con Olimpiadas Especiales , sé voluntario, conviértete en atleta, únete a un equipo de Deportes Unificados, trabaja como entrenador o apóyanos con una DONACIÓN . Tu donación ayudará a crear oportunidades inclusivas que cambiarán la vida de las personas con discapacidad intelectual.

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